Lo que no quiere decir que no apoye a la Roja, ni mucho menos. Hoy se ganará a Honduras, y el viernes a Chile, con lo que clasificaremos sin agobios. Es así. Pero en un Mundial hay que apoyar a otra selección, además de la propia. Normalmente ha sido Portugal, nuestros vecinos -espalda contra espalda-, [...] [...more]
Lo que no quiere decir que no apoye a la Roja, ni mucho menos. Hoy se ganará a Honduras, y el viernes a Chile, con lo que clasificaremos sin agobios. Es así. Pero en un Mundial hay que apoyar a otra selección, además de la propia. Normalmente ha sido Portugal, nuestros vecinos -espalda contra espalda-, a pesar de sus muchos brasileños y del mediocre Queiroz que sufrimos los madridistas una temporada enterita. Pero este año los lusos casi se van a mi tercera predilección, porque ha aparecido un equipo simpático de verdad. Supongo que ello me sitúa en pleno Eje del Mal, pero yo voy con Corea del Norte.
No es probable que los chollimas pasen de primera ronda. Ya parece mucho que hayan marcado un gol a Italia -perdón, Brasil-, un equipo ganador de cinco mundiales, con toda la inercia histórica que eso supone. Pero creo que, en el partido frente a Italia -perdón, Brasil-, alcanzaron la cima de su fútbol. No les será tan fácil con selecciones menos soberbias como Costa de Marfil y Portugal -que cuenta con mi total apoyo y, por tanto, con ventaja-. A pesar de su poca pericia futbolística, es innegable que son el equipo más simpático del Mundial. Mucho más que las dos Italias, la azul y la amarilla, mucho más.
Y es que los norcoreanos empezaron bien pronto a exhibir su alteridad. El seleccionador, Kim Jon-Hun, supo sacarse de encima la presión que aflige a cualquier técnico de un combinado nacional recurriendo al ridículo culto a la personalidad vigente en toda dictadura. El verdadero alma y -caro término para los comunistas- guía del fútbol norcoreano es Kim Jong-il, el Gran Dirigente o Querido Líder, según la proximidad emocional. Como su cumpleaños es fiesta nacional, imagino que muchos preferirán la versión más afectuosa. Los prisioneros políticos seguro que tienen otras palabras en mente. El generalote estará contento con el buen rendimiento de sus pupilos en la primera jornada ante Italia -perdón, Brasil-. Y es que Kim Jon-Hun no tiene más papel en la selección norcorana que dar la cara, porque “Él [el general Kim Jong-il] guía el fútbol norcoreano y propone las tácticas de los partidos. No hay otro equipo con semejante dedicación por satisfacer al líder”.
No es que comulgue políticamente con el auténtico seleccionador nacional, ni con el calzonazos del aparente, pero tal servilismo tiene su gracia. No veo a Del Bosque haciendo lo propio con ZP, dado el gafe deportivo del Presidente. Aunque tampoco me extrañaría de Domenech, si los astros lo aprueban. Es posible, además, que sea ya la única manera de salvar el cargo, a Sarkozy le falta poco -algunos artículos de la Constitución de la Cinquième République- para alcanzar en egolatría al Gran Líder. Ignoro si Sarkozy comparte los enormes conocimientos futbolísticos del “Sabio de Viatskoe”, pero es seguro que conseguiría mejor rendimiento para su selección que Domenech y su quiromancia.
Los norcoreanos también trataron de hacer magia. Al igual que Jesús de Nazaret con el agua, que tornó en vino -no sabía nada, el pájaro-, los simpáticos penúltimos comunistas quisieron trocar a su delantero Kim Myong-Won en portero, sin privarle de su condición de punta. Como eso es mucho más difícil que una simple reforma a nivel molecular, FIFA, con su malicia habitual, les paró los pies: sólo podría ponerse bajo palos, como un Higuita cualquiera. A los chollimas les cortaban las alas, y la infalibilidad del Gran Dirigente quedaba en entredicho. Habían intentado metérsela doblada al Máximo Organismo Futbolístico, y como sabemos eso sólo se les permite a Italia -la de azul- y a Argentina -o a Corea, si organiza un Mundial; el Querido Líder ya está en ello, seguro-.
Pero los norcoreanos no sólo son picaruelos, también son emotivos, entrañables. Las imágenes de su gran estrella, el ariete Jong Sae-Te, sollozando y lagrimeando -vulgo, llorando a moco tendido-, emocionado al escuchar el Ach’imŭn pinnara -el optimista himno norcoreano que se atribuye a Pak Seyŏng y Kim Wŏn’gyun, pero que con seguridad compuso el Gran Querido Líder Dirigente- han dado varias vueltas al mundo, como la isla de Perdidos. No es el 9 chollima un personaje cualquiera. Aunque ya hace mucho que es costumbre que los aguerridos futbolistas lloriqueen en las despedidas de su club -¿en qué oficio llora uno al jubilarse?-, ahora veremos manadas de llorones durante esa ceremonia previa al encuentro -de hecho, ya ha ocurrido: a ver si adivinan quién, un gallifante para el avispado observador-. La interpretación de los himnos, el intercambio de banderines y el lanzamiento de la moneda por el árbitro, en un Mundial, es casi tan importante como el partido mismo.
¿Qué razones tenía Jong Sae-Te para tan obscena exhibición de sentimientos? ¡El gran orgullo de ser norcorano! Los descreídos españoles, amantes de los reinos de Taifas, no pueden entenderlo. ¿Qué va a entender un pueblo que loolea su himno! A Jong Sae-Te se le inflama el corazón cuando piensa en el Monte Paektu y los cinco mil años de historia norcoreana. Aunque eso signifique pertenecer al eje del mal. Aún habiendo nacido japonés. Aún siendo hijo de surcoreanos. Cualquiera se pierde. Recapitulemos. Jong Sae-Te nació el 2 de marzo de 1984 en Nagoya, lo que significa que tiene 26 años y es japonés. Sus padres eran surcoreanos, ergo el Rooney del pueblo, como le apodan -también es capricho-, es surcoreano. Pero juega con Corea del Norte.
¡Qué simpática es esta gente! Sae-Te sólo ha pisado el país cuya nacionalidad luce para jugar partidos con su selección. Juega en el Kawasaki Frontale de la J-League, y ni se plantea alinearse en equipos como el 25 de abril o el Amrokgang. Allá, en el país de las tres mil leguas de riqueza natural, no podría disfrutar de sus caros deportivos, ni de sus gadgets, ni de su música degenerada. Ni siquiera cambiar de peinado tantas veces como le apetezca -los barberos de Pyongyang sólo saben rapar al estilo Kim, guía y modelo de todos los coreanos del norte-. Su hobby es salir de compras, algo muy japonés pero más bien ajeno a las costumbres norcoreanas, que son más sencillas, como morirse de hambre o alabar al amado líder. Pero el Rooney del pueblo es un chico generoso, que permite a sus compañeros jugar con él unas partidas a la PlayStation -otras fuentes citan a Nintendo como su opción lúdica preferida- o escuchar los últimos éxitos del hip-hop. Lo que no compartirá con nadie, cuando lo consiga, será la novia; el muy zorro cuenta con enamorar a una de las integrantes del grupo de K-pop Wondergirls, algo así como las Pussycat Dolls surcoreanas.
Sin duda, él no iba a ser uno de los que, como todos esperaban, intentara darse a la fuga aprovechando el viaje a tierras sudafricanas. Ocasiones se les habían presentado antes, pues la selección tuvo que cruzar Asia varias veces durante la clasificación para la fase final. Pero las mentes sucias no descansan, y poco después del partido contra Italia -¡ay, Brasil!- se difundió el bulo de que cuatro de los integrantes del combinado nacional norcoreano se habían escapado de la concentración y habían solicitado asilo político. FIFA, tan aficaz como siempre, se apresuró a desmentir el hecho pues un misterioso enlace que tienen dentro les había confirmado que tal cosa era una falsedad. En realidad, fácilmente podían haberse largado y los norcoreanos podían haberles sustituido por otro, utilleros o cualquier miembro del staff: nadie habría advertido la diferencia.
Este fácil chascarrillo no es tan obvio como parece. A muchos sorprendió, y yo lo comenté durante el encuentro con… Brasil, ¿no?, que hubiera tantos aficionados norcoreanos en la grada. ¡Si españoles sólo fueron doscientos! Supusimos que eran altos cargos del Partido, o parientes del Amadísimo Líder. Además, estaban organizados como una orquesta, con lo que parecía un maestro de ceremonias alentando a los menos entusiastas y dirigiendo el coro y sus cánticos. Bueno, eso es relativamente común en los hinchas asiáticos; creo que entre los japoneses ese director tiene hasta denominación propia, pero no la recuerdo. Demasiado bonito para ser verdad. Eran chinos, un millar de aficionados chinos, que podríamos decir profesionales del asunto, pues ya habían seguido a la selección China en otros torneos. Dado que los norcoreanos están muy ocupados pasando hambre y alabando al Líder, la oficina en Pekín del Comité Deportivo de Corea del Norte ayudó a organizar este grupo que seguirá a los chollimas en su periplo mundialista.
Esperemos que sea largo. Tienen difícil pasar la primera fase, pero con la decepcionante Costa de Marfil y un poco de cristianitis en Portugal, es posible. Desgraciadamente, Italia amarilla cuenta con seis puntos, por lo que sólo una de mis segundas preferidas, Portugal o Corea del Norte, podrá jugar los octavos. Tengo el corazón dividido, pues unos son nuestros hermanos -espalda contra espalda- y los otros una auténtica catarata de anécdotas que ojalá dure un poco más. De todos modos, su primer cruce será con España, y ahí está el techo de ambas selecciones de mis sub-amores. Tae-Se llorará de camino a casa, pero mientras sus colegas se quedarán en Pyongyang, con el hambre y las loas, él continuará con sus gadgets y su ropa de marca hasta Narita, donde quizá le aguarde su Wondergirl para apaciguar su amor por el Líder, Gran Dirigente y mejor estratega del fútbol.
PD: previsión para hoy, España 4 – Honduras 0.