Cincuenta sombras de Grey, E.L. James, Grijalbo
Trilogía gordísima de E. L. James, que es una mujer, que supuestamente inaugura el género del “porno para mamás” y que ha alcanzado el que es, probablemente, el más inesperado y asombroso fenómeno editorial de lo que llevamos de siglo. Aunque las novelas de Harlequín y variantes* llevan décadas explotando las necesidades pornográficas de mamás y amas de casa aburridas, James, según parece, explora tendencias amatorias poco exploradas en la novela romántica convencional: cuerdas, esposas y látigos. Y digo “según parece” porque no logré pasar del 1% del primer tomo, abrumado ante la torpeza, la estupidez y la superficialidad, de la sucesión de tópicos ridículos; en cuanto Anastasia cae de bruces en el despacho del tal Grey, apagué. Una de las ventajas de no dedicarme ya profesionalmente a la crítica literaria es poder desechar un libro en cuanto atisbo su mediocridad, y la de estas cincuenta sombrillas me abofeteó muy rápido. Aunque, según parece, el gran hallazgo literario de James es el repelente para hombres por lo que, en cuanto hombre, no puedo ser ecuánime.
*Se reconocen por la ilustración de portada: Lo que el viento se llevó con un Clark Gable desnudo, sin ridículo bigotín y bien pasado por el gimnasio.
¿Dormimos juntos?, Andrea Hoyos, Amazon
Breve relato de intención erotizante y quizá literaria. Se escribe, como tantos otros, al hilo del éxito de Grey y sus sombrillas, sólo que, en este caso, dice “Andrea Hoyos” que es fruto de la indignación ante la miseria literaria del tocho de James. La trilogía de moda tiene la virtud de que todo lector, al leerla, siente la convicción de que podría hacerlo mejor. Hasta una ardilla, si pudiera leerla, sentiría también el aguijón de la emulación. Lo que no quiere decir que pudiera conseguir algo mejor. Ni la ardilla ni “Andrea Hoyos”. Dormimos juntos es, como poco, tan superficial, estúpida y aliteraria como su indignante referente, pero tiene muchas, muchísimas páginas menos. Eso, que parece un favor de la “autora” digno de toda nuestra gratitud, es una trampa: es tan breve que al final la leí entera, desperdiciando mucho más tiempo que con las cincuenta sombrillas. Más que de obra literaria, este relato tiene pinta de experimento publicitario-sociológico (con la colaboración consciente de El País), de burla al lector corriente o, simplemente, de estafa.
98% sexo, Alberto Olmos, Mondadori
Apuntes de novela o colección de relatos que, contradictoriamente, sugieren un contenido erótico mayor del que realmente se encuentra. ¿Por qué titularlo 98% sexo cuando podría haberse titulado 98% amor o 2% sexo? Se trata de un relato (o nouvelle) romántico aunque, como se sabe, la gente enamorada usualmente folla, entre otras cosas que hace como ir a las rebajas o de vacaciones. Pero, al ser Alberto Olmos un erotómano público y notorio, las mentes calenturientas pueden sentir algo de hambre. Es menos perturbadora de lo que nos tiene acostumbrados y sorprendentemente romántica. Aunque tiene aspecto de desechado rescatado, contiene más de un buen momento y algunos tramos auténticamente Olmos la convierte en una lectura satisfactoria, tanto en el plano literario como en el emocional.
La mujer y el pelele, Pierre Louÿs, Cátedra
Novela “española” de Pierre Louÿs, más psicológica que erótica, que aborda el viejísimo tema de la mujer fatal y, quizá por primera vez en la literatura contemporánea, el de la “lolita” (aunque seguramente me equivoque). El argumento es archiconocido, aunque la novela no tanto como sus diversas adaptaciones al cine: Buñuel, von Sternberg o Camus, entre otros, aprovecharon el poder visual de la obra de Louÿs. Escenas eróticas, lo que se dice eróticas, son pocas; sólo me vienen el paseo entre cuerpos desnudos en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y el baile de Concha ante los ingleses. Pero el tema, tan manido, de Salomé, es una pantalla. En realidad no hay únicamente un proceso de “denegación fálica” de don Mateo, sino una degradación de ambos personajes, Conchita y Mateo, víctimas de su deseo, de la pasión. Pareciera que Louÿs, como hombre, se resistiera a admitir la victoria de la diablesa o bien que, con una perspectiva asombrosamente moderna reconociera que aún el diablo es una víctima de su propia naturaleza. En cualquier caso, La mujer y el pelele es una obra que sigue suscitando interés, un interés que se encuentra perfecta y exhaustivamente explicado y justificado en la amplia introducción crítica de Ana González Salvador.
